Lo vivido
Los niños y niñas realizaron juegos de lectoescritura en una plataforma que permite acompañar a cada uno en su propio camino de aprendizaje. A través de las actividades, cada niño fue encontrándose con propuestas acordes a su nivel, mientras el adulto acompañó de cerca, observando, guiando y registrando cómo transitaban la experiencia.
Esa observación cercana nos permitió conocer mejor sus motivaciones, los desafíos que aparecieron, su actitud frente al aprendizaje individual y cómo cada uno fue atravesando los momentos de dificultad o frustración. El rol del adulto fue clave para sostener, orientar y ayudar a que la experiencia no fuera solo digital, sino también profundamente acompañada.
Al final hubo un momento de puesta en común, donde compartieron qué les gustó y qué no les gustó de la actividad. Así, los niños también ejercitaron el feedback, ayudándonos a seguir ajustando e iterando el ecosistema de aprendizaje para construir un programa cada vez más cercano a sus necesidades.