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Jardincito de La Barra: encuentro 10
Por Silvina Ekroth, Natalia Fonsalia, Dayana Seoane y Sofia Pombo Abreu
Publicado el 19 de junio de 2026
El bosque nos espera cada semana con nuevas sorpresas y nos recibe en la naturaleza para explorar, jugar y crear. En este proyecto, cada encuentro es una invitación a entrar en contacto con los sentidos, la imaginación y el vínculo con otros, descubriendo que el entorno puede convertirse en escenario de aventura, aprendizaje y expresión.
Una aventura de hadas, varitas y música en el bosque
Este miércoles el bosque volvió a abrir una puerta a la imaginación. Los niños y niñas fueron recibidos por las hadas del bosque, que llegaron con un mensaje especial: el duende travieso había escondido sus varitas mágicas dentro de un cofre, y necesitaban ayuda para recuperar sus poderes.
La búsqueda comenzó como una misión compartida. Caminaron por el sendero entre los pinos, atentos a las pistas y al relato que iba guiando la aventura. En estas experiencias, el juego simbólico ayuda a sostener la atención, organizar la acción grupal y darle sentido al recorrido por el entorno natural.
El recorrido estaba preparado como un paisaje de cuento: telas, estrellas y flores colgaban entre los árboles, marcando pequeñas estaciones de asombro. Ese cuidado del ambiente sostuvo la curiosidad del grupo y convirtió el bosque en un escenario vivo para explorar.
Cuando llegaron al arco del bosque, decorado con cintas de colores, el grupo atravesó un umbral de juego: aparecieron palabras mágicas, movimiento, expectativa y mucha participación. La frase “abracadabra, pata de cabra” se volvió parte del ritual para entrar en la aventura.
Después de recuperar las varitas, el juego pasó al cuerpo. Con música, los niños siguieron las consignas de las hadas: cuando las varitas bajaban, ellos bajaban; cuando saltaban, todos saltaban. Fue un momento de coordinación, escucha y movimiento compartido.
La misión continuó con una propuesta de creación: cada niño y niña pudo hacer su propia varita y su corona, combinando colores, hojas, texturas y materiales. Crear un objeto propio dentro del relato permite transformar la fantasía en algo concreto, hecho con las manos y cargado de sentido.
Para cerrar, apareció un hada con alas luminosas que guió al grupo hacia un espacio especial. Allí bailaron, dibujaron siguiendo la música y compartieron una rica merienda. Fue un encuentro lleno de magia, pero también de aprendizajes muy reales: imaginar juntos, escuchar consignas, moverse en grupo, crear con autonomía y habitar el bosque como un lugar de juego, cuidado y encuentro.