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Jardincito de La Barra - Clase 7
Por Silvina Ekroth, Natalia Fonsalia, Dayana Seoane y Sofia Pombo Abreu
Publicado el 2 de junio de 2026
El bosque nos espera cada semana con nuevas sorpresas y nos recibe en la naturaleza para explorar, jugar y crear. En este proyecto, cada encuentro es una invitación a entrar en contacto con los sentidos, la imaginación y el vínculo con otros, descubriendo que el entorno puede convertirse en escenario de aventura, aprendizaje y expresión.
De la huerta a la cocina
Esta semana el encuentro tuvo un recorrido muy concreto y significativo: mirar la huerta, reconocer aromas y texturas, elegir ingredientes, preparar con las manos y cocinar juntos. La experiencia unió naturaleza, alimentación, juego simbólico y autonomía en una secuencia donde cada niño y niña pudo participar desde el cuerpo y la curiosidad.
La jornada comenzó en la huerta, donde el grupo se acercó a distintas plantas aromáticas y comestibles. Observaron, tocaron, olieron y recolectaron hojas, poniendo atención a detalles pequeños: colores, formas, perfumes y diferencias entre una planta y otra. En esa exploración apareció una forma de aprendizaje muy propia de la primera infancia: conocer el mundo desde los sentidos.
Después, el bosque se transformó en taller. Con papeles de colores, hojas, ramitas y cáscaras, prepararon coronas y elementos para entrar en clima de cocina. El juego simbólico ayudó a darle sentido a la propuesta: no se trataba solo de preparar alimentos, sino de habitar un rol, anticipar una tarea y compartir una escena colectiva.
En la cocina, cada gesto tuvo valor: cortar, mezclar, acercarse a nuevos ingredientes, esperar turnos y cuidar los materiales. Estas acciones simples sostienen aprendizajes importantes para esta edad: coordinación fina, autonomía progresiva, atención, participación en grupo y confianza para probar.
La preparación compartida reunió lo que habían explorado antes: las hierbas de la huerta, las verduras, el calor de la olla y la posibilidad de transformar ingredientes en algo común. Mientras agregaban hojas, revolvían y observaban los cambios, la cocina se volvió un espacio de investigación: ¿qué pasa cuando mezclamos?, ¿cómo cambia el olor?, ¿qué aporta cada ingrediente?
Fue una clase donde el bosque, la huerta y la cocina se conectaron de manera natural. Los niños y niñas pudieron seguir el recorrido de los ingredientes, desde la planta hasta la preparación, y vivir la alimentación como una experiencia sensible, social y creativa.