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Jardincito de La Barra
Por Silvina Ekroth, Natalia Fonsalia, Dayana Seoane y Sofia Pombo Abreu
Publicado el 14 de junio de 2026
En la última visita al Bosque del Jardincito de La Barra, el bosque fue escenario de juego, encuentro y cuidado. Entre recorridos al aire libre, telas en movimiento, pintura de macetas y plantación de flores, los niños y niñas exploraron con el cuerpo y con las manos, transformando materiales simples en una experiencia sensible y compartida.
Macetas, flores y juego en el bosque
En esta clase, el bosque volvió a ser un espacio para entrar en ritmo con el grupo, moverse, observar y crear con las manos. La experiencia fue llevando a los niños y niñas desde el traslado y el juego compartido hasta una actividad de cuidado: preparar macetas, trabajar con tierra y plantar pensamientos.
La llegada ya fue parte de la propuesta. Caminar por el espacio verde, trasladar materiales y encontrarse con el entorno ayuda a construir una disposicion distinta: el cuerpo se ubica, la mirada se abre y el grupo empieza a prepararse para lo que viene.
Antes de pasar al hacer, hubo tiempo de ronda, observacion y escucha. En estas pausas tambien se aprende: esperar turnos, mirar lo que ocurre alrededor, sostener la atencion y encontrar seguridad en la presencia de los adultos y companeros.
El juego corporal con la tela azul sumo movimiento, coordinacion y encuentro. Despues, el recorrido por el sendero llevo al grupo hacia el espacio de taller, donde la naturaleza funciono como marco y tambien como inspiracion para crear.
En la mesa aparecieron pinceles, colores, macetas, regaderas y flores. Cada nino y nina pudo intervenir su maceta, explorar materiales y luego preparar el lugar para plantar. Pintar y plantar en una misma secuencia une expresion artistica con cuidado de la vida: lo que se crea tambien se riega, se observa y se acompana.
El trabajo con la tierra invito a una concentracion muy concreta: tocar, llenar, acomodar la planta, mirar la flor, sostener la maceta con cuidado. Son gestos pequenos, pero importantes, porque ayudan a construir autonomia, sensibilidad y responsabilidad desde una experiencia real.
La clase cerro con macetas llenas de color y con una vivencia sensible: transformar barro, pintura, tierra y flores en algo propio. En el bosque, el aprendizaje no quedo separado del cuerpo ni del entorno; paso por las manos, por el movimiento, por la espera y por el cuidado compartido.
Esperamos que estas imágenes abran conversaciones en familia sobre lo vivido en el bosque.