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Esta semana en Jardincito de Majo
Por Silvina Ekroth, Natalia Fonsalia, Dayana Seoane y Sofia Pombo Abreu
Publicado el 8 de junio de 2026
El bosque nos espera cada semana con nuevas sorpresas y nos recibe en la naturaleza para explorar, jugar y crear. En este proyecto, cada encuentro es una invitación a entrar en contacto con los sentidos, la imaginación y el vínculo con otros, descubriendo que el entorno puede convertirse en escenario de aventura, aprendizaje y expresión.
Sonidos del bosque
En esta clase vivimos una experiencia musical en el bosque. La propuesta invitó a los niños y niñas a escuchar con atención, descubrir sonidos en el entorno y transformar elementos naturales en instrumentos propios.
Primero nos reunimos en ronda para entrar juntos en la experiencia. Desde ese momento, el bosque empezó a funcionar como un gran escenario sonoro: había que mirar, escuchar, caminar despacio y dejarse sorprender por lo que aparecía.
En el recorrido, el grupo fue encontrando sonidos: el crujido de la pinocha bajo los pies, las ramas al moverse, los golpes suaves de los palitos, el silencio entre los árboles. Esa búsqueda abrió una escucha más fina y una forma muy concreta de investigar la naturaleza con el cuerpo entero.
Después llegó el momento de crear. Con ramas, pinocha, lanas, colores y otros elementos naturales, cada niño y niña comenzó a construir su propio instrumento. La música apareció como una mezcla de exploración, ensayo, coordinación de manos y mucha curiosidad.
También aparecieron momentos muy concentrados de construcción: elegir una rama, probar cómo suena, ajustar una lana, mirar de cerca una forma posible. En esas pequeñas decisiones, cada instrumento fue tomando identidad propia.
Más tarde, el encuentro con las trillizas del bosque le dio a la clase un tono de cuento y celebración. Con ellas, los instrumentos se volvieron parte de una escena compartida: hicimos música, probamos ritmos y acompañamos canciones muy lindas.
La ronda junto al fogón sumó otro clima a la experiencia: escucha, canciones compartidas y un tiempo más pausado para estar juntos en el bosque.
Fue una clase donde la música no llegó como algo separado de la naturaleza, sino como una forma de escucharla, tocarla y jugar con ella. Entre caminatas, sonidos, instrumentos y canciones, el bosque volvió a ser un lugar para crear juntos.